“nuestras máquinas portátiles de telecomunicación son nuestros nuevos carceleros y nuestros interiores domésticos se han convertido en la prisión blanda y ultraconectada del futuro”.

– Paul B. Preciado
 

En este mundo pandémico, las restricciones a los encuentros en los espacios físicos, han disuelto nuestras fronteras espacio-temporales en un eterno devenir virtual.
Nuestras experiencias, han pasado a ser parte de estas redes de información: nuestras formas de pensar, de expresarnos, de accionar, comienzan a circular como una imagen, sumergida en torrentes de información codificada.

Esta apuesta performática, puede entenderse como muestra de la relación humanx-tecnológica contemporánea, experiencia ligada a la vigilancia e hiperconectividad constantes. En este caso, lx humanx abandona su cruz y su cuerpo cyborg para volver a conectarse con su humanidad perdida, como queriendo volver a la tierra para brotar de nuevo.

De este modo, la obra nos invita a cuestionar cómo habitamos el espacio virtual del internet y las redes sociales, donde toda división entre lo privado y lo público es eliminada.
Ahora que nos es imposible desligarnos de la tecnología, celulares y cámaras aparecen como extensiones de nuestras corporalidades. Nos distancian del espacio y presente inmediatos para sumergirnos en una dimensión veloz, llena de imágenes y una anónima multitud expectante. Pareciera que todo se acelera, como si nuestra subjetividad fuese acaparada al ritmo de las redes. Aparece la presión por mantenernos siempre novedosxs y contectadxs, alerta a las notificaciones emergentes, moviéndonos de una pantalla a otra, de aplicación en aplicación.
Como bien lo escenifica Maygara, vamos con nuestros cables atados frente a una multitud siempre expectante, anónima, vigilante y atenta.

Frente a ello, sería válido preguntarnos ¿cómo podríamos subvertir estas lógicas de inmediatez y control? ¿cómo podríamos desarmar y des/re/conectar esta pesada cruz que impone la virtualidad y la necesidad de entregarnos al voyeur de los incesantes 15 segundos de una historia de Instagram?

¿En la actualidad, es realmente posible separar la tecnología de nuestros cuerpos? Ahora que habitamos un mundo que podría ser de ciencia ficción, los aparatos se ha entrelazado profundamente con nuestra propia subjetividad, adentrandose y re-armando nuestra materia.
A estas alturas podríamos perder el miedo a denominarnos cyborgs, voluntaria o involuntariamente amarrados a nuestras máquinas. Paul B. Preciado nombraba a las nuevas tecnologías como pornográficas precisamente por su capacidad de penetrar los mecanismos de bio-vigilancia dentro de nuestros cuerpos, incitando al consumo y la producción de placer regulado y cuantificable.
Como la performance misma, que aprovecha sus cámaras para extender la intervención hacia el espacio virtual, quizás nuestra tarea es pensar cómo hackear los algoritmos que nos coartan, entrecruzar los cables para generar circuitos impensados de corporalidad, de experiencias, espacios y tiempos. Si estamos irreversiblemente enlazados, quizás solo podemos aprovechar nuestras nuevas conexiones en el espacio de las no-fronteras. Alterar el funcionamiento algorítmico y aprovechar nuestra mutación de humanxs a cyborgs.

Texto por Cami Marchant (elle), 23 años.

Conceptualización “MAYGARA BOT”
máscara
Tomás O’Ryan
Conceptualización “MAYGARA BOT” cruz
Andres Rebolledo
Vestuario
Adolfo Fernández
Vestuario/estilismo
Josh Gaviria
Grafica “MAYGARA”
Carlos Urzúa
Contenido digital,cámara 2 en vivo
Hugo Merino
Cámara 3 en vivo
Marietta Chavez
Cámara 4 en vivo
Javier Leria
Fotografía análoga
Daniel Cuadra Echeverria
Fotografía Digital
G del Río, Sergio López Retamal
Registro Audiovisual
Dinko Covacevich,Marlene Echeverría,Luna Grandón, Andrés Valenzuela
Montaje Audiovisual
Andrés Valenzuela
Dirección,cámara 1 en vivo,idea e interpretación
Camila Garreton

“Crucifixión en 5G” fue accionada en Santiago de Chile en Diciembre del 2020, para FAE Festival.